No más extremos

El país se cansó de las visiones extremas en política. Luego de varios años de confrontación entre una revolución que no termina de concretarse y una “cuarta república” que nadie sabe aún muy bien lo que significa, pero que de alguna forma ha pasado a representar un pasado negativo del país, la gente está pidiendo cambio. Pero no se trata de simplemente cambiar, se está pidiendo una transición hacia la modernidad, hacia la paz, y sobre todo retomar el rumbo del progreso para mejorar el bienestar de todos los venezolanos.

En este contexto las etiquetas de “socialismo” o “capitalismo”, por mencionar dos, han dejado de tener importancia más allá de los resultados que efectivamente una u otra tengan para resolver los problemas cotidianos de los venezolanos. Esto tiene pleno sentido dado que se ha evidenciado que las ideologías, normalmente con una fuerte carga utópica, no resuelven los problemas, es por ello que más que pensar en nombres se requieren propuestas y acciones concretas.

Pero hay que tener cuidado con un pragmatismo a ultranza, donde la eficiencia sea el único factor para la toma de decisiones. Si bien el país ya aprendió que necesita una gestión púbica eficiente, también estos años nos han enseñado que el pueblo quiere soñar y alcanzar sus aspiraciones. Es por ello que la solidaridad y la gestión social son áreas fundamentales en las que las políticas públicas deben actuar con la mayor eficacia posible.

Junto a la “solidaridad eficiente” que necesita el país, es importante la honestidad en cuanto a los cambios profundos que hay que hacer dentro del modelo de desarrollo que ha marcado al país desde la aparición del petróleo en la vida nacional. Esto es fundamental para no crear falsas expectativas de cambios milagrosos, construir un proyecto de desarrollo sostenible en el tiempo puede mostrar sus frutos concretos tal vez en un par de décadas. Esto no quiere decir que el país no pueda plantearse alcanzar algunas metas en el corto plazo, como por ejemplo aumentar la disponibilidad de empleos productivos.

La tendencia hacia evitar los extremos no es una novedad en la vida política de Venezuela, tal vez es lo que nos ha salvado de los excesos cometidos en el pasado en otras naciones latinoamericanas. Tomando esto en cuenta, el reto en este momento es construir una propuesta de desarrollo que, alineada con el deseo de no buscar los extremos en la política, tienda hacia un modelo de desarrollo que refleje la solidaridad basada en la eficacia del mercado. Este diálogo debe iniciarse lo antes posible de manera abierta.

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