Además de la pobreza extrema, que caracteriza al menos una sexta parte de la población del mundo, existen otros tipos de clasificaciones para éste mal de nuestros tiempos. La pobreza moderada y la pobreza relativa son otras de las expresiones de este fenómeno.
Más allá de estas clasificaciones, muy importantes para entender este fenómeno y observar que está presente en la cotidianidad venezolana más de lo que quisiéramos, lo importante es entender que hay grados de pobreza y que ésta tiene muchas variables a considerar. En este sentido, el empobrecimiento de Venezuela, expresado en el deterioro de su infraestructura, en le pérdida de la calidad educativa, así como de las precarias condiciones con las que se ofrecen los servicios de salud, es sin duda el reto por abordar en los próximos años.
Si no se tiene una visión compartida del problema, y mucho menos un plan de acción definido para acabar con éste, será imposible erradicar la pobreza en Venezuela. Así, se necesitan estrategias concertadas entre el sector público y el sector privado, entre los niveles distintos de gobierno, entre la sociedad en general, para poder actuar de manera efectiva. La pobreza no se acaba con medidas de corto plazo, se necesitan políticas sostenidas por varios años para acabar con las causas estructurales de ésta.
Lamentablemente la cotidianidad, las emergencias en la gestión pública, y la urgencia por resultados inmediatos dadas las circunstancias políticas actuales, nos han acostumbrado a observar medidas superficiales contra la pobreza. Es de esta manera que se ha logrado una “percepción” de bienestar en algunos sectores de la población, más que una mejora real en cuanto a los factores que los ayudarán a salir efectivamente de la pobreza.
La situación descrita representa un reto para el futuro del país, por un lado la necesidad de desmontar la ilusión de progreso que se ha instalado en gran parte de la población, confundiendo el haber podido adquirir algunos electrodomésticos o tener un poco más de dinero (que se desvanece por la inflación), con salir de la pobreza. Para lograr esto se necesita hacerle ver a las personas que más allá de esta ilusión pueden tener la posibilidad real de progresar, y que esto significa educación de calidad, salud de primera, infraestructura adecuada, y otros tantos elementos más que al final de cuenta son la base para salir de la pobreza de manera definitiva.
El segundo gran reto en este sentido es sustituir las medidas populistas por las medidas que realmente se necesitan. Si bien hace falta paliar las necesidades inmediatas de la población, es importante hacerles saber que eso no será suficiente para salir de la pobreza. Por el contrario, hay que transmitir de manera transparente el gran esfuerzo en recursos y tiempo que implica eliminar la pobreza en Venezuela de manera permanente. Sin duda este no es un reto fácil, pero también no cabe duda que si el problema de la pobreza no se aborda de manera distinta estaremos dando vueltas en el mismo círculo por mucho tiempo.