Bases para la Transición (III)

Todo proceso de transición exitoso implica la presencia de un liderazgo capaz de encausar las fuerzas sociales que empujan el cambio, de lo contrario pudieran generarse consecuencias más adversas que las circunstancias que tratan de cambiarse. Esta es hoy la realidad venezolana, donde no cabe duda que existen múltiples fuerzas que claman por un cambio; sin embargo, sin el liderazgo apropiado que permita regularlas y orientarlas de manera positiva, el futuro del país pudiera complicarse.

Pero, ¿qué tipo de liderazgo es el que se necesita para una transición como la que ocurrirá en Venezuela? Es importante recordar el caso de Churchill, quien habiendo sido tal vez el Primer Ministro británico más exitoso en tiempos de guerra, no fue reconocido por su pueblo como el líder capaz de conducirlos en tiempos de paz. Así, antes de preguntarse por quienes liderarán el proceso de transición venezolana vale la pena preguntarse acerca del contexto en el que ésta se desarrollará.

No cabe duda que el país reclama modernidad, entrar definitivamente por la senda del desarrollo. La “modernidad inmediata” que necesita el país es servicios públicos que funcionen de manera adecuada, infraestructura capaz de mantener al país conectado internamente y con el exterior, seguridad ciudadana y sobre todo rescatar el respeto de las normas de convivencia formales (leyes) e informales. Una modernidad distanciada un poco más en el tiempo implica invertir en educación y en salud, es decir sentar las bases para una población que sea capaz de apropiarse del progreso.

La inclusión y la tolerancia es otro de los aspectos que exigirán las fuerzas de cambio que impulsarán la transición. Para ello fortalecer las prácticas democráticas será una de las grandes tareas que los nuevos liderazgos deberán asumir. No se será suficiente apelar a la Democracia como idea abstracta, sino poner esta en práctica en todos los niveles y circunstancias. Aquí, la Sociedad Civil deberá jugar un rol fundamental.

Ante este escenario nos preguntamos, ¿está listo el nuevo liderazgo a asumir los retos que nos esperan en el futuro? La respuesta es incierta, pues no se trata de escoger un único líder capaz de guiar al resto del país, se trata de múltiples liderazgos que desde sus ámbitos de acción puedan encausar las fuerzas sociales que piden un cambio hacia acciones que se traduzcan en oportunidades de progreso. Algunos líderes estarán listos, otros tal vez no lo estén tanto, y en esta diferencia es donde pudieran algunos sectores más que otros ser punta de lanza del desarrollo del país.

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