Bases para la Transición (IV)

Aquellas sociedades que no logran resolver sus problemas de cooperación están destinadas a no progresar. Es por ello que, más allá de unas fuerzas sociales que, encausadas a través de distintos liderazgos, conduzcan al país hacia una transición definitiva hacia la modernidad, es fundamental lograr desarrollar mecanismos de cooperación entre todos los ciudadanos. Específicamente se trata de fortalecer los espacios de participación en los asuntos públicos.

Es en este escenario donde la Sociedad Civil, entendida como todas aquellas “asociaciones” formales o no que de alguna manera median entre la esfera privada del individuo y la esfera social, tendrán un rol fundamental. La estructura económica de Venezuela sin duda ha definido su estructura política, y ésta se caracteriza por un Estado fuerte. Por lo tanto, es poco realista pensar que el Estado se desprenderá de sus poderes y se convertirá en un “Estado débil”.

Sin embargo, si es posible pensar que ante un Estado fuerte es posible desarrollar una Sociedad Civil fuerte. De esta manera, la relación de amo y esclavo que existe entre el primero y el segundo puede convertirse en una relación de equilibrio, donde las fuerzas equilibradas conllevan a que ambos se controlen entre sí. Y es precisamente a partir de éste equilibrio dinámico, en el que la negociación se hace indispensable, que la Democracia se fortalece.

Claro que la pregunta por hacerse es cómo se fortalece a una sociedad en la que el Estado precisamente tiene interés en debilitarla. La respuesta es simple, fomentando la asociatividad local. Más allá de las legislaciones vigentes, es posible fomentar organizaciones informales (o si es posible formales) para que los individuos puedan participar en los asuntos públicos. Partiendo desde una base local, además, se estará contribuyendo a resolver los problemas inmediatos de las personas.

Lo anterior, aunque a primera vista muy simple, es un cambio fundamental de la estructura social y las formas de participación venezolana. Herederos de una cultura centralista, sustentada en liderazgos caudillistas, en los que la responsabilidad individual por los asuntos colectivos es mínima, las posibilidades de desarrollo de una sociedad civil como la que se ha descrito son muy difíciles. Sin embargo, la única manera de promover un sistema realmente federal, con una descentralización política profunda, pasa por fortalecer la Sociedad Civil desde sus bases asociativas.

La gran ventaja de estas asociatividad basada en los asuntos locales es que no requiere mayor exigencia que la motivación de los ciudadanos a participar, entendiendo por esta participación el asistir a reuniones de la comunidad, pertenecer a organizaciones deportivas o religiosas, juntas de padres, entre otras tantas formas más. Claro que además de la motivación, hay aún muchos asuntos por resolver que tienen que ver con la efectividad de la participación; sin embargo, la tarea es más sencilla de lo que pudiera parecer.

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